lunes, 16 de octubre de 2017

Instrucciones a mis hijos


(Imagen de Dorothea Lange)



Instrucciones a mis hijos

Jamás un conato de daros la vuelta

Jamás una huida, por muchos que sean

Jamás ningún miedo, y si acaso os diera,

Jamás os lo noten, que no se den cuenta

Jamás un “me rindo”, si no tenéis fuerzas

Aunque fuese a gatas, llegad a la meta

Que nadie os acuse… ¡miradme a la cara!

Que nadie os acuse de dejar a medias un sueño imposible…

(Si es que los hubiera)

Yo no los conozco,

Y mira que llevo yo sueños a cuestas

Jamás, y os lo digo como una sentencia, ¡miradme a la cara!

Jamás en la vida paséis por el lado de cualquier persona sin una sonrisa

No hay nadie en el mundo que no la merezca

Hacedle la vida más fácil, ¡miradme!

A cada ser vivo que habite la tierra

Jamás se os olvide que en el mundo hay guerra

Por pasar de largo sin gloria ni pena delante de un hombre

Y no preguntarnos qué sueño le inquieta

Qué historia le empuja,

Qué pena lo envuelve,

Qué miedo le para,

Qué madre lo tuvo,

Qué abrazo le falta,

Qué rabia le ronda,

Qué envidia lo apresa…

Jamás, y os lo digo faltándome fuerzas,

Si el mundo se para,

Os quedéis sentados viendo la manera de que otro lo empuje

Remangaos el alma,

Sed palanca y rueda,

Tirad de la vida vuestra y de quien sea,

Que os falte camino,

Perded la pelea contra los enanos

No sed los primeros,

Que os ganen los hombres que no tienen piernas

No sabedlo todo,

Dejad que contesten los que menos sepan

Las manos bien grandes,

Las puertas abiertas,

Anchos los abrazos, fuera las fronteras

Hablad un idioma claro, que se entienda

Si estrecháis la mano, hacedlo con fuerza

Mirando a los ojos,

Dejando una huella

Prestad vuestra vida,

Regaladla entera

Que a nadie le falte ni una gota de ella

¡Cantad!

Que cantando la vida es más bella

Y jamás, os hablo desde donde nazca

El último soplo de vida que tenga,

Jamás una huida,

Por muchos que sean…


(Magdalena S. Blesa)




(Muchas gracias a Lucía)


martes, 10 de octubre de 2017

Otro camino



Otro camino

En estos días, a veces, caigo en la tentación de mirar afuera.
En estos días, a veces, recuerdo que el mejor indagar es hacia dentro.
Me asusta lo que veo fuera.
Porque me asusta lo que llevo dentro.
La ira, el dolor, el miedo. Los míos.
Las contradicciones, la angustia, la frustración. Las mías.
Cada juicio, cada palabra airada, cada incomprensión y cada falta de escucha.
Me separa. Me limita. Me encarcela.
En estos días, a veces, pienso que hay otro camino. Que tiene que haberlo.
Pero no pasa –nunca lo hace – por exigirle al otro.
No pasa por gritarle, por burlarme de él o tratar de convencerlo.
No pasa por llamarle cobarde, mentiroso o traidor.
En estos días, a veces, pienso que hay otro camino. Debe haberlo.
A veces lo veo claro, a veces sólo lo intuyo.
Otro camino. De comprensión. De escucha. De respeto.
Un camino hecho de avances y también –por qué no- de retrocesos.
Un camino hecho de aciertos y – claro que sí- también de errores.
De aceptación y de perdón. De lo propio y de lo ajeno.
Otro camino.
De aprendizaje. De paz. De amor.
Es necesario. Creo que es muy necesario volver a recorrerlo.
En situaciones de tensión, el ser humano saca sus monstruos a pasear.
Es hora de mirarlos.
Es hora de reconocerlos.
Es hora de integrarlos.
Porque ya es hora –empieza a ser hora - de guardarlos.
Cuando los amigos se pelean con sus amigos.
Cuando los hermanos se enfadan con sus hermanos.
Cuando comienzas a ver al otro como enemigo.
Es cuando debes desenmascararte.
Es cuando debes reconocer que dicho enemigo está en tu propio espejo.
Porque, cuando llegue la sangre al río, si es que llega la sangre al río,
será cuando todos –TODOS- habremos ya perdido.

(Elena Almirall Arnal)

lunes, 9 de octubre de 2017

Oración



Oración*

“A Ti, a Quien no conozco ni puedo conocer – ni en mi interior ni fuera de mí – y a Quien estoy unido por el amor, el temor y la fe – al Único en todas sus representaciones– dirijo esta oración:

Guíame hacia lo mejor de mí mismo, ayúdame a convertirme en alguien en quién confíen los seres vivientes, criaturas y plantas, así como el aire, el agua, la tierra y la luz que los sustentan; mantenme como alguien que respeta el misterio y el carácter de cada variedad de vida en toda su unicidad y solidez, ambas esenciales para la supervivencia de cualquier vida.

Ayúdame a preservar mi capacidad para maravillarme, extasiarme y descubrir; permite despertar en mí el sentido de la belleza en cualquier lugar, y a contribuir con y para otros y para conmigo mismo en el conjunto de la belleza que observamos, oímos, olemos, probamos o tocamos o que de algún modo concebimos a través de la mente y el espíritu; ayúdame a no perder nunca el vivificante ejercicio de proteger a todo aquél que respire, pase hambre, tenga sed; a todo aquél que sufra.

Ayúdame a permanecer acorde con los valores relativos, a equilibrar pacientemente el paso del tiempo con la rica cosecha de fidelidades, experiencia, éxito, ayuda e inspiración.

Ayúdame a ser un buen guardián del cuerpo que Tú me has dado. Que esta vida confiada a “mi” temporal resguardo, vuelva al círculo terrenal en la mejor condición posible para que la vida continúe. Así pues, Tu deseo se hará.

Que aquellos que me sobrevivan no lloren mi muerte sino que continúen siendo igual de serviciales, amables y sabios con los demás, igual que fueron conmigo. Aunque me encantaría vivir muchos años disfrutando de los frutos de mi afortunada y rica vida, con mi preciada mujer, familia, música, amigos, literatura y numerosos proyectos, en este mundo de culturas y gentes tan diversas he recibido ya la bendición, afecto y protección suficiente para satisfacer miles de vidas.

Y finalmente, mientras Te suplico que me protejas de la ira y la condena, la mía de los demás y la de los demás de mí, ilumínalos a ellos y a mí y ayúdanos a perdonarnos el uno al otro.

También con aquellos enemigos que posiblemente tenga, ayúdame a distinguir entre los reconciliables y los irreconciliables, dame ánimos para buscar por todos los medios el entendimiento con los primeros, y hacer a los segundos ineficaces y a aprender de los dos.

Dame la inspiración que has dado a la humanidad y anímame a reverenciar y a seguir estos ejemplos vivos que consagran tu espíritu – el espíritu que hay en el interior y fuera de cada uno de nosotros – el espíritu de Aquél y de Aquellos – la iluminación de Cristo, de Buda, de Lao-Tsu y de los profetas, sabios, filósofos, poetas, escritores, pintores, escultores, todos los creadores y artistas, y toda la gente desinteresada, los santos y las madres, conocidos y desconocidos, los exaltados y los humildes – hombres, mujeres, niños de todos los tiempos y lugares – cuyo espíritu y ejemplo permanecen con nosotros y dentro de nosotros para siempre.”

(Yehudi Menuhin)

(*Texto encontrado entre los documentos de sus últimas voluntades)



viernes, 6 de octubre de 2017

miércoles, 4 de octubre de 2017

Si


(Imagen de Behance)


En la misma línea que la entrada anterior,
hoy recupero también el poema Si, de Rudyard Kipling,
que ya publiqué en su día (gracias, Juan)


SI

Si guardas en tu puesto, la cabeza tranquila,
cuando todo a tu lado es cabeza perdida.
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan
y no desprecias nunca, las dudas que ellos tengan.
Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera.
Si engañado, no engañas.
Si no buscas mas odio, que el odio que te tengan.
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres.
Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres.
Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo.
Si piensas y rechazas lo que piensas en vano.
Si tropiezas con el triunfo, si llega tu derrota,
y a los dos impostores los tratas de igual forma.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
Si vuelves al comienzo de la obra perdida,
aunque esta obra sea la de toda tu vida.
Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría,
tus ganancias de siempre, a la suerte de un día,
y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea,
sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.
Si logras que tus nervios y el corazón te asistan,
aun después de su fuga, de tu cuerpo en fatiga,
y se agarren contigo cuando no quede nada,
porque tu lo deseas y lo quieres, y mandas.
Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud.
Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz.
Si nadie que te hiera, llegue a hacerte una herida,
Si todos te reclaman y ninguno te precisa.
Si llenas el inexorable minuto,
con sesenta segundos que valgan la pena.
Todo lo de esta tierra, será de tu dominio,
y mucho mas aún, serás hombre, hijo mío.


(Rudyard Kipling)