domingo, 25 de junio de 2017

Tendré que recordar esto


Marisol compartió el otro día en Facebook un vídeo que me impactó (mil gracias). Era del programa America’s Got Talent y en él se presentaba Mandy Harvey, quien, según anunciaban, era “la prueba de que nunca deberías dejar de luchar por tus sueños”.

Mandy cantaba desde los cuatro años pero con 19 tuvo una enfermedad que la dejó sorda. Esto la llevó a abandonar por un tiempo, pero pronto se recompuso y decidió que quería hacer algo mejor con su vida, que no podía simplemente abandonar. Entonces escribió la canción “Try” (Inténtalo) y aquí está, diez años después de quedarse sorda, sonriendo, cantando, intentándolo. Y feliz.

Tendré que recordar esto cuando me queje porque he tenido un mal día, cuando piense que todo es muy complicado. Tendré que recordar esto…




jueves, 22 de junio de 2017

La Felicidad



La Felicidad

La felicidad no se encuentra con mucho esfuerzo y voluntad,
sino que reside ahí, muy cerca de la despreocupada tranquilidad.
No te inquietes; no hay nada que hacer.
Todo lo que se surge en la mente no tiene ninguna importancia,
porque no tiene ninguna realidad.
No te enganches pues, no juzgues, no te juzgues.
Deja que el juego de las apariencias se haga por si mismo,
se eleve y caiga, sin cambiar tu identidad,
pues todo se desvanece y surge de nuevo sin cesar.
Solamente la búsqueda de la felicidad es lo que nos impide tenerla.
Es como si uno persigue el arco-iris, sin saber que nunca podrá alcanzarlo,
porque es una ilusión óptica y se mueve con su mirada.
Aunque la paz y la felicidad no existan como un lugar concreto,
están siempre ahí, contigo en todo momento.
No creas en la realidad de los pensamientos, buenos o malos;
son como el arco-iris, una ilusión.
Al querer agarrar lo inasible uno se agota en vano,
pero cuando se abandona este intento, el espacio queda ahí mismo;
abierto, hospitalario y acogedor.
Aprovecha esa espaciosidad natural de la mente, llena de serenidad y sabiduría.
Todo está ya en ti. No busques más.
No vayas a buscar a la jungla salvaje
el tesoro que ya tienes en tu propia casa.
Nada que hacer o deshacer.
Nada que forzar ni Nada que desear
porque Nada falta.
¡Esa es la verdadera maravilla!
Y todo esto funciona por si mismo.

(Canto Vajra del Lama Guendum Rimpoche)


(Muchas gracias a Juan)


domingo, 18 de junio de 2017

Eso es lo que me importa


(Imagen de Michael Färber)



No me importan las grandes cosas que hiciste en el pasado.
No me importan las grandes cosas que harás en el futuro.
Me importa lo que haces aquí. Lo que haces ahora.

No me importa a cuántas personas conoces.
Ni a cuántas planeas conocer.
Me importa si te conoces a ti mismo,
si te escuchas a ti mismo,
si te respetas a ti mismo.

No me importa de qué planeta vienes,
ni lo que hiciste en otras vidas.
Me importa lo que haces por este planeta.
Me importa cómo vives esta vida.

No me importa cuáles son tus sueños
o cuáles tus ilusiones.
Me importa si realmente crees ellos,
si luchas por ellos,
si no desfalleces en la tormenta.

No me importa cuántas personas te han amado,
ni cuántas te siguen amando.
Me importa cuándo amas tú,
cómo amas tú,
cuánto amas tú.

Eso es lo que me importa.

(Elena Almirall Arnal)

domingo, 11 de junio de 2017

Invocación


(Imagen de google)


Invocación

Que no crezca jamás en mis entrañas
esa calma aparente llamada escepticismo.
Huya yo del resabio,
del cinismo,
de la imparcialidad de hombros encogidos.
Crea yo siempre en la vida
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
Engáñenme los cantos de sirenas,
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
Que nunca se parezca mi epidermis
a la piel de un paquidermo inconmovible,
helado.
Llore yo todavía
por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
Huya yo del realismo encorsetado.
Consérvense en mis labios las canciones,
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.
Por si vinieran tiempos de silencio.


(Raquel Lanseros)

viernes, 9 de junio de 2017

La base de un cerebro sano es la bondad



Hoy comparto la entrevista de Ima Sanchís a Richard Davidson, doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva, para La Contra de La Vanguardia:

Nací en Nueva York y vivo en Madison (Wisconsin), donde soy profesor de Psicología y Psiquiatría en la universidad. La política debe basarse en lo que nos une, sólo así podremos reducir el sufrimiento en el mundo. Creo en la amabilidad, en la ternura y en la bondad, pero debemos entrenarnos en ello.

Yo investigaba los mecanismos cerebrales implicados en la depresión y en la ansiedad.

...Y acabó fundando el Centro de Investigación de Mentes Saludables.
Cuando estaba en mi segundo año en Harvard se cruzó en mi camino la meditación y me fui a la India a investigar cómo entrenar mi mente. Obviamente mis profesores me dijeron que estaba loco, pero aquel viaje marcó mi futuro.

...Así empiezan las grandes historias.
Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y cuando desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas.

¡En dos horas!
Hoy podemos medirlo con precisión. Llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes.

¿Y la expresión de los genes cambia?
Sí, y vemos como en las zonas en las que había inflamación o tendencia a ella, esta des­ciende abruptamente. Fueron descubrimientos muy útiles para tratar la depresión. Pero en 1992 ­conocí al Dalái Lama y mi vida cambió.

Un hombre muy nutridor.
“Admiro vuestro trabajo, me dijo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión?”

Un enfoque sutil y radicalmente distinto.
Le hice la promesa al Dalái Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas en ningún estudio científico.

¿Qué ha descubierto?
Que hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento.

¿Y qué tiene que ver eso con el cerebro?
Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes.

¿Y la ternura?
Forma parte del circuito de la compasión. Una de las cosas más importantes que he descubierto sobre la amabilidad y la ternura es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud.

¿Y cómo se entrena?
Les hacemos llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego ampliamos el foco a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Estos ejercicios reducen sustancialmente el bullying en las escuelas.

De meditar a actuar hay un trecho.
Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento.

Ahora quiere implementar en el mundo el programa Healthy minds (mentes sanas).
Fue otro de los retos que me lanzó el Dalái Lama, y hemos diseñado una plataforma mundial para diseminarlo. El programa tiene cuatro pilares: la atención; el cuidado y la conexión con los otros; la apreciación de ser una persona saludable (encerrarse en los propios sentimientos y pensamientos es causa de depresión)...

...Hay que estar abierto y expuesto.
Sí. Y por último tener un propósito en la vida, algo que está intrínsecamente relacionado con el bienestar. He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca.

¿Cómo se puede aplicar a nivel global?
A través de distintos sectores: educación, sanidad, gobiernos, empresas internacionales...

¿A través de los que han potenciado este mundo oprimido en el que vivimos?
Tiene razón, por eso soy miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el bienestar.

¿Y cómo les convence?
Mediante pruebas científicas. Les expongo, por ejemplo, una investigación que hemos realizado en distintas culturas: si interactúas con un bebé de seis meses a través de dos marionetas, una que se comporta de forma egoísta y otra amable y generosa, el 99% de los niños prefieren el muñeco cooperativo.

Cooperación y amabilidad son innatas.
Sí, pero frágiles, si no se cultivan se pierden, por eso yo, que viajo muchísimo (una fuente de estrés), aprovecho los aeropuertos para enviar mentalmente a la gente con la que me cruzo buenos deseos, y eso cambia la calidad de la experiencia. El cerebro del otro lo percibe.

Apenas un segundo para seguir en lo suyo.
La vida son sólo secuencias de momentos. Si encadenas esas secuencias, la vida cambia.

El mindfulness es hoy un negocio.
Cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Son circuitos cerebrales distintos. A mí no me interesa la meditación en sí misma sino cómo acceder a los circuitos neuronales para cambiar tu día a día, y sabemos cómo hacerlo.